martes, 15 de abril de 2014

El templo de la montaña y el día en la pagoda en el Summercamp de primavera

Según dicen los voluntarios del Summercamp, el de agosto, el de verdad, éste siempre pasa muy rápido. La primera semana vuela, como la segunda; la tercera y la cuarta se esfuman y, de repente, llegan los últimos días y, con ellos, las despedidas. Como pequeño camp, este año las vacaciones de primavera de los niños de PSE apenas duran diez días y, en diez días, todo se concentra. Lo bueno es que aquí no habrá despedidas porque volveremos todos juntos a Phnom Penh.

El ecuador de nuestro pequeño camp trajo dos días interesantes y divertidos a la vez. Con ellos, dos historias; la del templo de la montaña y la del día en la pagoda. El mes de abril en Camboya es una especie de Navidad. Como en nuestra tradición, son frecuentes las visitas a los templos y los festejos varios. Nosotros no hemos sido menos.

El domingo por la mañana visitamos Phnom Krom, un templo en una montaña en los alrededores de Siem Reap. Las montañas en Camboya tienen un carácter mágico o sagrado. Seguro que hay algún argumento místico o trascendente para explicarlo, pero el motivo puede ser simplemente lo escasas que son, ya que el país es esencialmente plano. De cualquier manera, tampoco son montañas, sino pequeñas colinas aisladas. A pesar de ello, subir hasta la "cima" con el riguroso calor de la estación seca fue un esfuerzo titánico para algunos, sobre todo los más pequeños. La "escalada" tuvo su recompensa: arriba nos esperaba una garrafa de agua con hielo, uno de los pequeños placeres cotidianos de la vida en Camboya.

Escaleras de subida a la montaña y vista desde la "cima" 

En lo alto de la montaña encontramos un pequeño templo y una comunidad de monjes y familias que viven a su alrededor. Cuando llegamos, varias mujeres preparaban velas y otros elementos decorativos a base de hojas de palma para celebrar el año nuevo el día siguiente. Varias niñas de PSE se ofrecieron a ayudarlas. Yo me quedé con ellas. Las niñas respetaban a las mujeres mayores y seguían cuidadosamente sus indicaciones. Por un momento, alejados del ruido de la ciudad, encontré unos minutos de silencio.

Entrada al templo de Phnom Krom

  Mujeres preparando velas y otros elementos decorativos para el año nuevo camboyano ayudadas por niñas de PSE

Por supuesto, el descenso fue mucho más rápido y llevadero que la subida, por mucho que los gemelos se cansen. Volvimos a PSE, comimos rápido y tuvimos la que probablemente sea la siesta más tranquila del viaje. Pasamos la tarde jugando al fútbol y por la noche vimos una nueva película. El "público" quiso que fuera "Los Increíbles".

Ayer, lunes, era el primer día del año. A falta de saltos de esquí y Concierto de Año Nuevo, decidimos pasar el día en una pagoda. La pagoda la eligió Tola, un antiguo alumno de PSE de Siem Reap. Es del barrio de toda la vida y conoce a los monjes budistas que la gestionan. No estaba muy lejos del centro, apenas unos quince minutos en autobús, por lo que llegamos pronto. Los niños, nuevamente muy respetuosos, atendieron las indicaciones de los monjes, quienes les regalaron un refresco a cada uno antes del rito.

El "Duende" Tola, nuestro particular "benefactor" del día

Tras la ofrenda de los niños y los profesores y la bendición de los monjes, nos dirigimos al barrio donde vive Tola. Allí disfrutamos de una mañana llena de juegos tradicionales. Como si la plaza del pueblo se tratara, el pequeño patio enfrente de la casa de Tola acogía a numerosos vecinos y a sus "amigos" de PSE. Micrófono en mano, él mismo fue el encargado de animar todos los juegos. Los niños lo pasaron en grande y yo también. Entre los juegos a los que jugamos, se encontraban el de las sillas, la escalada de palmera, la persecución con el pañuelo, la cuerda y muchos más. Tras los juegos hubo baile. De verdad lo pasamos muy bien.

 Trepando la palmera, modos amateur y profesional




Juegos tradicionales khmeres y no tan khmeres 

Tras pasar la mañana entera jugando y bailando, volvimos a la pagoda para comer allí. Es tradición que las familias lleven comida al templo en los días de fiesta y que los monjes la ofrezcan a las personas más necesitadas. Nuevamente por mediación de Tola, esta vez fuimos nosotros quienes la recibimos. Y no sólo la comida, también pudimos dormir la siesta allí.


Comida y siesta en la pagoda

Con el cuerpo recuperado, continuó nuestro especial "primero de año". Volvimos al barrio de Tola y seguimos jugando, cantando y bailando también por la tarde. Ni que decir tiene que, tras volver a PSE alrededor de las seis de la tarde, a eso de las ocho tocamos diana para dormir. Los niños estaban agotados. Tras el día en la pagoda vivimos la noche más larga.

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