lunes, 30 de diciembre de 2013

Pequeños placeres tras un año en Camboya

La mayoría son pequeños detalles, pero son justo esas cosas las que te faltan cuando estás lejos:
  • ¡Ver a tus padres!
  • ¡Volver a ver a tus amig@s*!
  • Conversaciones infinitas en las que te alegra compartir lo que has vivido y descubres todo lo que han hecho tus amigos y que a todos les va bien
  • Conducir tu coche
  • Tener frío y encender la chimenea
  • Un baño de agua caliente
  • La decoración de las calles de Madrid en Navidad
  • Mil millones de wasaps con felicitaciones navideñas y muchos "¿Estás aquí? ¿Cuándo nos vemos?"
  • Desayunos, aperitivos, comidas, cenas y sus largas sobremesas compartidas con amigos viejos y nuevos
  • La tortilla de patatas, el jamón, el queso, los boquerones en vinagre, los pimientos del piquillo y así sin parar... ¡es turrón de Suchard!
  • El primer gintonic - de verdad - en meses
  • Ir al cine
  • Viajar hacia "tu pueblo" por las carreteras de España y volver a ver los anchos paisajes de Castilla, los que te recuerdan de dónde eres y por qué eres como eres
  • Correr por El Retiro o por el monte de Cárcar
  • Pensar que 2013 ha merecido la pena y que falta poco para volver a Camboya...
*Apéndice:
  • Lamentar que no podré hacer todo lo que querría haber hecho estos días, pero saber que no falta mucho para poder hacerlo

sábado, 21 de diciembre de 2013

Cosas que he (des)aprendido en Camboya

En una sala de espera del Aeropuerto de Pekín, no sé en qué terminal, mientras espero con Pablo la conexión con un avión que nos llevará a Amsterdam y de allí a Madrid, reflexiono sobre las cosas que he aprendido este año en Camboya. No sé si son muchas o pocas, pero sé que son importantes. Algunas quizás ya las sabía, pero no sabía que las sabía. Otras son completamente nuevas.

No hablaré de lo obvio. No diré que "en nuestro mundo" estamos mucho mejor de lo que creemos. Eso no lo he aprendido en Asia. Los problemas son problemas en Madrid y en Phnom Penh. Ha sido exponerme a problemas concretos lo que me ha hecho aprender. Problemas, historias. Historias con nombres y apellidos. Historias de gente a la que he conocido. Historias que he escuchado, que he visto. Historias que he vivido. Vivirlas ha sido el verdadero aprendizaje. Ser plenamente consciente de ellas. Hacerlo de una manera que no cuenta una noticia o no se ve en un telediario.

Ha sido enfrentándose a esas historias como he conocido a muchas personas. Algunas de ellas, ya amigos. Gente de muchas nacionalidades diferentes provenientes de entornos más diferentes todavía. Gente con experiencias muy dispares pero con un punto en común: sus ganas de "hacer algo". Este año he conocido a muchos inconformistas, a muchos soñadores, sí, pero sobre todo a gente práctica. Gente práctica que desde aquí o desde allí aporta su granito de arena. Algunos su tiempo, otros su experiencia o sus consejos y otros su dinero. Algunos más, otros menos, lo que pueden, pero todos algo. He aprendido que hay mil maneras de ayudar, muchas más de las que imaginaba, y todas muy fáciles.

He aprendido que querer es poder. Sí, de verdad. Que nada es tan complicado como parece. Al fin y al cabo yo mismo he podido permitirme un año diferente. De igual manera que lo están haciendo Pablo o Carlota. Del mismo modo que lo hicieron Camille y Simon con sus seis meses viajando en tándem. Exactamente igual que Christian y Marie-France des Pallières cuando, hace más de treinta años, decidieron viajar en caravana con sus hijos desde Francia hasta la India. Igual que cuando ellos mismos llegaron a Camboya en 1993 y decidieron fundar PSE. Gracias a ellos, he aprendido que si querer es poder para viajar, para descubrir, para hacer algo distinto, también lo es para emprender o para cambiar de trabajo. Para cualquier cosa. Para hacer algo que te gusta y te hace feliz.

Todo es posible... Quizás ése sea el pensamiento que mejor resuma lo que he descubierto este año. Creo que todo es posible por lo que he aprendido, pero también por lo que he desaprendido (hoy mejor que nunca entiendo a un antiguo jefe). He desaprendido el miedo a plantear cosas nuevas. He perdido el miedo a hacerlas. He vuelto a aquél instante donde no hay ideas preconcebidas ni juicios de valor. He recuperado una suerte de inocencia. Supongo que se gastará, que la volveré a perder. Entonces leeré estas líneas y recordaré esta reflexión. Y volveré a desaprender; volveré a empezar.

Llega el momento de embarcar. Madrid está más cerca, pero la aventura camboyana no ha terminado. Hoy vuelvo a casa cansado pero contento. Orgulloso no por lo que he hecho, eso no lo tengo que juzgar yo, sino por lo que me he atrevido a hacer. ¡Y seguiré!

jueves, 19 de diciembre de 2013

El parón invernal de la Liga de PSE

En realidad nada en el título es verdad. En primer lugar, porque en Camboya no hay invierno. En segundo, porque la PSE Staff League (PSL) no para. Al contrario, se podría decir que es como la Liga Inglesa, con su boxing day incluido. Los partidos más interesantes son precisamente los que quedan por jugarse.

De cualquier forma, en el título sí hay algo de cierto. La Liga descansa para sus jugadores extranjeros. Pablo y yo nos perderemos los partidos de Navidad y no volveremos a jugar hasta 2014. Volvemos a casa como el turrón, como la lotería. Volvemos a casa con los deberes bien hechos, habiendo clasificado matemáticamente a Blue Lander para la siguiente ronda.

Para entender mejor cómo funciona la PSL, conviene explicar que se compone de dos fases: una liguilla a partido único entre los doce equipos de empleados y unas eliminatorias finales entre los ocho primeros clasificados. Como en toda liga, en la de PSE destacan los clásicos de siempre, hay equipos revelación, otros que suben como la espuma para luego deshincharse y eternos candidatos que se quedan en eso, eternos aspirantes. Habiéndose superado el ecuador de la competición, y con la clasificación en la mano, es momento de hacer balance:

Clasificación de la PSE Staff League (PSL) tras el avance de la octava jornada

Al ver esta tabla, los principales analistas de la PSL la resumen con los siguientes comentarios:
  • El equipo más sólido hasta el momento, a pesar de ocupar el segundo puesto, es el de la Escuela de Negocios, el BS Empire, que tan sólo ha sufrido una derrota tras seis victorias consecutivas.
  • Precisamente esta derrota vino infringida por Top Six, uno de los clásicos que, tras un inicio sorprendentemente flojo se está mostrando intratable desplegando un fútbol que le hará ocupar el lugar que se merece.
  • La gran incógnita por arriba consiste en descubrir si Mix Personnel, líder en solitario, será capaz de mantener el ritmo en las jornadas finales cuando le toque enfrentarse a unos grandes, Tsunamic-English y Reachsey, y a una pequeña sorpresa, Hospitality Striker, que por el momento están agazapados en el medio de la tabla, quizás haciendo cálculos sobre cuál será su mejor cruce en cuartos de final.
  • En la parte baja de la clasificación se encuentran los equipos previsibles, Red Eagle, Film Smile y FO United, que han mostrado todos un pobre rendimiento.
  • Flirteando con la eliminación y jugando con fuego se encuentran Elite FLIP y Social United, del que, como cada año, "se esperaba más".
  • Por último Blue Lander es, somos, el equipo revelación. Es verdad que no somos los primeros. Vamos terceros con un partido más, pero ya hemos jugado contra los equipos principales. El secreto de nuestro éxito hasta el momento es la garra e intensidad que nos infunde nuestro escudo, el de Osasuna, unido al juego más italiano. Hemos introducido el catenaccio en Camboya. Un estilo mezquino quizás, cicatero, tal vez, pero efectivo. Nuestra diferencia de goles es la mejor del campeonato y nuestra portería, la mía, la menos batida.
En enero todo quedará visto para sentencia y los emparejamientos de cuartos prometerán unos encuentros interesantes. Hasta entonces, ¡feliz Navidad! Y para mis compañeros camboyanos, ¡hasta pronto! Blue Lander, the WinnerBlue Lander Chinea!

domingo, 8 de diciembre de 2013

Boda de Vichhika y Mengsry. La fiesta con los niños

Tras dos días de boda, aún quedaba la mejor fiesta de todas. Era la que habíamos estado esperando desde el primer día: la fiesta con los niños. Al fin y al cabo, Vichhika y Mengsry son la madre y el padre para los casi quinientos niños que viven en PSE. Ellos fueron quienes más se alegraron cuando anunciaron su compromiso. Muchos de ellos ni siquiera sabían que salían juntos. Así son los noviazgos en Camboya.

Cuando la boda comenzó a planificarse sólo había una cosa clara: que los niños deberían participar. Vichhika y Mengsry querían hacerlos partícipes del momento y la mejor manera para hacerlo parecía organizar una fiesta en PSE. La idea era ofrecerles un menú especial más allá del sempiterno arroz, que pudiesen beber Coca-Cola y tomar un postre especial. Para ellos suponía un esfuerzo extra, ya que los gastos de esta comida correrían de su cargo. En todo caso, la idea se llevó a la práctica el domingo.

Aunque estaba previsto que la cena comenzase a partir de las cinco de la tarde, yo llegué a PSE alrededor de las tres. Me había comprometido a hacer una visita guiada a unos padrinos franceses. Al llegar antes de tiempo, pude disfrutar viendo la ilusión con la que los niños hinchaban globos para decorar el mismo espacio que el día antes había sido escenario del banquete. Los mayores coordinaban a los pequeños. Algunos no podían evitar jugar con los globos. Las chicas se maquillaban de blanco nuclear y se vestían con sus mejores galas, probablemente algunos vestidos donados. Para muchos de ellos sería, sin duda, la ocasión más feliz hasta el momento.

La tarde pasó rápido y la fiesta comenzó al caer la noche. La misma imagen de los novios con la que se recibió a los invitados el día anterior presidía el salón donde se celebraba "el banquete". Vichhika se había vuelto a vestir de novia por enésima vez. Las niñas querían hacerse una y mil fotos con ellas. Tantas, que tardamos mucho en empezar a cenar. El menú era un curry de pollo, Coca-Cola y postre. Los mayores llenaban los cuencos de curry y los llevaban a las mesas donde los niños, impacientes, sentían ansia por comer el plato especial. Tenían, a la vez, ganas de repetir y de acabar para que empezara el baile.

Después de una ronda de música a todo volumen, los niños, impulsados por las cuidadoras que trabajan con Vichhika y Mengsry, los rodearon para, en una canción lenta, verlos bailar. Tras unos momentos de silencio, breves, comenzaron a pedirles que se dieran un beso. Tras mucha insistencia sólo consiguieron que Vichhika cogiera el micrófono. Lo hizo para agradecerles que estuvieran con ellos y para explicarles cómo se habían conocido, cómo habían aprendido a respetarse y cómo habían esperado a casarse hasta que se lo habían podido permitir. Pretendía servirles de ejemplo. Y lo hizo. Los niños y los no tan niños, incluso los que no la entendíamos, la escuchábamos emocionados. Fue el mejor final que pudo tener la boda que se organizó en menos de un mes y que duró tres largos días; la boda de mis amigos Vichhika y Mengsry.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Boda de Vichhika y Mengsry. La ceremonia y el banquete

De rosa y oro, como manda la tradición (o la moda), se vistió Mengsry el sábado por la mañana para iniciar la primera ceremonia del día: el Hai Goan Gomloh o la Procesión del Novio. Apenas había amanecido en Ta Khmao cuando Mengsry emprendía camino a casa de Vichhika. Lo hacía escoltado por sus orgullosos y aún somnolientos padrinos, quienes, vestidos como él, lo protegíamos del sol naciente con unas sombrillas, y acompañado por un gran séquito compuesto por su familia y amigos.

La procesión, como el resto de ceremonias, recordó uno de los ancianos rituales de la boda del príncipe Preah Thong con la princesa Neang Neak. En este caso pretendía recrear el viaje del príncipe al encuentro de la princesa. El séquito del príncipe, como el de Mengsry, traía regalos para la familia de su prometida. Los regalos que aportaba Mengsry eran fruta y postres que se ofrecieron más tarde a la familia de Vichhika. El recorrido fue animado por músicos y cantantes que con sus coros anunciaban la llegada de Mengsry al vecindario.

Una vez en la puerta de la casa de Vichhika, sus padres, actuando en su representación, revisaron los bienes que aportaba Mengsry y aceptaron su ofrenda. El emisario de Mengsry, su tío, anunció la buena noticia al séquito, que terminó por ser invitado a entrar en la casa. Fue entonces cuando Mengsry vio por primera vez, oficialmente, a Vichhika.

Recepción de las ofrendas 

Reunidas las dos familias, se procedió a continuación al Rito de la Purificación, el Gaat Sah, que pretende “limpiar” a la pareja y prepararla para el matrimonio. Antes de ello, el primer cambio de vestuario: el rosa dejó paso al naranja, también para nosotros. Presidido por un monje que acompañaba a la pareja, el rito consistió en una representación casi teatral, a veces cómica, de escenas del matrimonio. La representación se realizó delante de los contrayentes que estaban flanqueados por sus respectivos padrinos. Tres hombres por parte del novio – Pablo, Monoron y yo – y tres mujeres por parte de la novia – tres chicas del internado de PSE.

Sin duda, los grandes protagonistas de la comedia fuimos Pablo y yo. El rito se representó delante de todos los asistentes y los comediantes que simulaban el teatro hicieron constante referencia a nosotros, hasta tal punto que nos invitaron a cantar enfrente de todos los invitados. Mi barba, por otra parte, era foco de risas y durante la comedia sabía que se referían a mí en cuanto pronunciaban la palabra pukmua, precisamente, barba.

Risas durante la ceremonia

Tras la representación de las escenas, el monje concluyó el rito invitando a los familiares y amigos a cortar el pelo y perfumar a los novios. Al cortar el pelo, o más bien simular que se hace, se suprime todo lo accesorio e inmaterial, así como la mala suerte. A través del perfume y el agua se purifica a los novios. Como padrinos, nuestra misión en el rito consistía en proveer de tijeras y perfume a los familiares y amigos que se ofrecían a participar en la ceremonia, así como sujetar el jarrón de agua que los invitados utilizaban para “bautizar” a los novios.

Al Rito de Purificación le siguieron unos rezos oficiados por el monje budista como último paso previo al matrimonio. Estos rezos se conocen como Bang Chhat Madaiy u Honoración de los Padres. El respeto a la familia es muy importante en muchas tradiciones. También en la budista. Durante los rezos del Chhat Madaiy, el monje recordó a Vichhika y Mengsry los esfuerzos de sus padres por criarlos y proveerles de una educación, algo que tendrán que hacer ellos mismos cuando tengan descendencia. Quizás el símbolo más interesante de la ceremonia fue la sombrilla con la que Vichhika debía proteger a su madre.

Una ceremonia se sucedía tras otra con pausas entre medias, entre ellas la que nos permitió desayunar. En cada descanso, la pregunta más común que nos hacíamos "los extranjeros" era: ¿Pero se han casado ya? Hasta le momento la respuesta seguía siendo "No". Pero faltaba poco. Apenas dos ceremonias: Bongvul Pbopul (Bendiciones familiares) y Sompeas Ptem (Ceremonia de los Nudos). Fueron las últimas de la mañana.

Para representar la primera, un grupo de parejas casadas debían hacer un círculo alrededor de los novios. Lo hicieron y a continuación encendieron tres velas que fueron pasando de mano en mano en el sentido de las agujas del reloj, hasta completar siete vueltas. El por qué de las siete lo desconozco, pero sin duda es un "número mágico". Mientras lo hacían daban sus bendiciones a la pareja. Sólo lo podían hacer ellos, parejas casadas, ya que se supone que sólo ellas pueden transmitir buena suerte o, al menos, la suerte que necesitan los novios de cara al matrimonio.

Espectadoras siguiendo los diferentes ritos

Por fin llegamos al último rito de la mañana, el de la Ceremonia de los Nudos. "Los extranjeros" creímos entonces, sólo creímos, que para entonces los novios ya estaban formalmente casados. Los invitados que quisieron, uno a uno, desfilaron delante de los novios, que los esperaban sentados. Se detenían frente a ellos y les anudaban un hilo rojo en la muñeca a modo de pulsera. Más tarde nos comentaron que los novios, ya marido y mujer, deberían llevar las pulseras durante tres días para mantener la buena suerte. A la vez, los amigos aprovechaban para sacar fotos con las decenas de móviles, tablets y cámaras de foto que tenían.

Ya casados y cansados de tanto rito, especialmente Mengsry, a quien se le vio algún bostezo que otro durante las interminables ceremonias, tocaba la hora de comer. Así sería el plan de lo que quedaba por hacer el resto del día: comida y cena. Al menos eso creíamos. La comida fue rápida, sí. Sin necesidad de desplazamientos, almorzamos en las mesas que había alrededor de casa de Vichhika. Más tarde, la cena no sería igual de rápida. Descubrimos y experimentamos que era el momento donde los padrinos teníamos más trabajo.

Desde primera hora de la tarde, un salón improvisado en las pistas cubiertas de baloncesto de PSE estaba preparado para acoger el banquete. Nunca se había visto una cosa igual. Los niños esperaban impacientes ver llegar a los invitados y las niñas se agolpaban en la puerta de la habitación donde Vichhika se cambiaba de vestido (tres veces durante la cena). Mientras, los padrinos, alineados en dos filas en la entrada del salón, recibíamos desde las cinco de la tarde, uno a uno, a los más de cuatrocientos invitados repartidos en cuarenta mesas de diez. Los tres hombres y las tres chicas los saludábamos: Chum rep sua! Pablo, el primero de la fila, les entregaba un llavero que cogía de un cuenco que yo sostenía. Las chicas hacían lo propio en su fila. La mayoría, por la novedad, querían coger el regalo de nuestro lado.

Padrinos, novios y damas de honor recibiendo a los invitados

Si duda, Pablo y yo fuimos las atracciones de la tarde. Conocíamos a casi todos los invitados. Quienes no eran trabajadores de PSE eran miembros de las respectivas familias con quienes habíamos coincidido durante la tarde anterior y la misma mañana. Nuestros compañeros de trabajo eran los más sorprendidos al vernos vestidos con los trajes tradicionales. Fueron incontables las veces en que nos repitieron saart, guapos. El piropo sólo competía con la expresión Khmer style good! Durante el desfile de invitados, también nosotros hicimos de modelo. Primero vestidos de plata, después con un traje blanco (pantalones y chaqueta) y, finalmente, con nuestro traje occidental. Nos íbamos alternando para cambiarnos y sólo cuando todos los invitados estaban sentados pudimos nosotros hacer lo propio, ya con el traje que habíamos traído.

Una vez dentro, el banquete no distaba mucho de uno occidental salvo por la música omnipresente desde el escenario durante toda la cena. Incluso los novios hicieron su entrada en el salón de manera muy parecida a como lo haríamos en nuestra tradición. Fue en ese momento cuando alguien cogió un micrófono y los animó a besarse. Presionados por el círculo de personas que los rodeaba, "apenas" consiguió que se arrancasen un tímido beso en las mejillas y la frente. "Apenas" aparece deliberadamente entrecomillas; "apenas" porque probablemente era el primer beso que se daban.

Así, entre celebraciones y primeras veces, con esos primeros besos inocentes, acabó una jornada que había empezado muchas horas antes, cerca de las cuatro de la mañana. Había que descansar porque aún quedaba una jornada más de celebración. Una que no estaba escrita en las tradiciones ni en los manuales. Una que hizo que la boda fuera más especial si cabe.

Novios entrando en el salón y padrinos junto con niños de PSE 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Boda de Vichhika y Mengsry. La víspera de la boda: las bendiciones de los monjes

Sin saber exactamente dónde íbamos y, desde luego, sin idea alguna de lo que teníamos que hacer, el viernes a las dos de la tarde, bajo un sol de justicia, nos embarcamos en una furgoneta llena de desconocidos hacia la vecina Ta Khmao. Allí, en una ciudad limítrofe con Phnom Penh, vivía Vichhika y allí, en su casa, se celebrarían la mayor parte de los ritos de su enlace con Mengsry.

"Pantalones oscuros, camisa blanca, unos zapatos y calcetines negros". Éstas eran las únicas indicaciones que, como padrinos por parte del novio, teníamos Pablo y yo. Desde primera hora de la mañana llevábamos un petate con todo y en el trayecto en furgoneta (más de media hora para cubrir poco más de diez kilómetros) pretendimos descubrir qué teníamos que hacer. Poco pudimos adivinar porque ninguno de los pasajeros hablaba inglés. Eran parientes de Mengsry; sus tíos, hermanos y primos.

Mi compañero de sitio durante el viaje fue un estudiante de la escuela de audiovisuales de PSE, con quien hablé sobre sus motivos para elegir la escuela de cine y sus expectativas de futuro. Quería ayudar al resurgir del cine camboyano, masacrado durante la época de los Khemeres Rojos. Pretende, al graduarse, crear su propia empresa de producción desde la que ofrecer diversos servicios, entre ellos el de reportajes de boda. A eso precisamente se disponía, ya que PSE ponía a los estudiantes de la escuela de audiovisuales a disposición de los novios.

Como por inercia, llegamos a casa de Vichhika. Con una mezcla de incredulidad y sorpresa nos dimos cuenta de que la mujer que nos saludaba, efectivamente, era ella. Ingentes cantidades de maquillaje blanqueaban su piel haciéndola prácticamente irreconocible. El peinado, tan distinto al que nos acostumbra, una sencilla coleta, no ayudaba a reconocerla. Y su vestido, el de la princesa naga, nada tenía que ver con su atuendo diario de andar por casa. Habíamos llegado con tiempo, nos dijo. No hacía falta que nos cambiásemos para vestir un atuendo camboyano; únicamente teníamos que ponernos nuestra ropa y esperar durante una hora aproximadamente a que llegasen los monjes y comenzasen sus cantos budistas.

Aprovechamos el tiempo de espera para conocer a su familia. Conocimos a sus padres, de los que es la viva imagen, y a sus abuelas, la mayor de noventa y siete años. Descubrimos también los rincones de su casa. Como muchas madres, la de Vichhika tiene una especie de altar con recuerdos de su hija. Desde fotos de pequeña o su título universitario a la entrega del diploma por el mismísimo Hun Sen. Fue divertido verlo.

Vichhika recibiéndonos en su casa y pequeño altar con sus fotografías

Mientras tanto, Mengsry se vestía. Estaba tranquilo. Durante este mes frenético para ellos, siempre lo ha estado. No había traído calcetines, así que le dejé los míos. Unos calcetines negros de Primark con los nombres de la semana en la planta. Ponía "Monday" y no "Friday". Aún nos sobró tiempo para refrescarnos antes de que empezase la ceremonia. Hacía calor, pero la sombra de un árbol en el jardín lo hacía más llevadero.

 Mengsry con sus calcetines improvisados y los dos tomando un refresco

De repente, llegaron los monjes. El naranja de sus atuendos contrastaba con el blanco y rojo de los novios, que en la espera se habían hecho la primera fotografía juntos. De manera un tanto aturrullada, comenzó la ceremonia en el salón de la casa, que estaba decorado para la ocasión. Unas alfombras rojas cubrían el suelo y un altar con incienso y otras ofrendas presidía la sala. En la pared del altar, una referencia a la fecha de la boda, 30-11-2013 (el día siguiente), y un texto en camboyano escrito en poliestireno, indescifrable para nosotros. El salón era pequeño y no cabía toda la familia que se había reunido. No pasaba nada. Más tarde nos daríamos cuenta de la libertad con que la familia y los amigos deciden incorporarse o salir de los ritos durante las bodas camboyanas.

En el salón quedamos únicamente los novios, los padres de Vichhika, los tíos de Mengsry, yo mismo y, obviamente los monjes. En una sala adyacente, las abuelas de Vichhika y otras tres o cuatro mujeres. Sin apenas mediar palabra, comenzaron a recitar unos cantos que se prolongaron durante una media hora. Mengsry nos confesaría más tarde que no se había enterado de nada, ya que los rezos se hacían en pali, una lengua proveniente del sánscrito. En la liturgia, eso sí, parecían bendecirlos o purificarlos con agua, un gesto extendido en otras tradiciones, entre ellas la nuestra. Tras finalizar sus oraciones, la familia les entregó un sobre con dinero como agradecimiento y los despidió.

Finalizaba así la primera ceremonia de la boda y comenzaba el primer banquete del fin de semana. Lo hacía en la calle de la casa de Vichhika. Tocaba comer fuerte para coger fuerzas para lo que se avecinaba el día siguiente. Debíamos despertarnos a las cuatro de la mañana.

Un momento de la ceremonia

martes, 3 de diciembre de 2013

Boda de Vichhika y Mengsry. Introducción

Este fin de semana he podido disfrutar de todos los ritos y ceremonias que acompañan a una boda khmer. Lo he hecho, además, en la boda de unos de mis mejores amigos camboyanos y desde un lugar privilegiado; el de padrino del novio.

La boda duró tres días. Tres días repartidos en diferentes escenarios donde he descubierto innumerables detalles y he entendido mejor las tradiciones de Camboya. Durante estos días, he aprendido que las distintas ceremonias en las que he participado pretenden recrear el origen mismo de Camboya. Los ritos representan el enlace del primer príncipe khmer, Preah Thong con Neang Neak, la princesa naga.

Así, según cuenta la tradición, el príncipe Preah Thong, un extranjero exiliado, se enamoró durante sus viajes de la princesa naga. Como regalo de boda, el padre de la princesa hundió una parte del océano dando lugar a la tierra que hoy ocupa Camboya.

Mengsry y Vichhika, como los mismísimos Preah Thong y Neang Neak han revivido la leyenda día a día y paso por paso. Lo han hecho acompañados de su familia, de sus amigos y de toda la gente a la que estiman. También de sus vecinos y de sus compañeros de trabajo, que son también los míos. Yo he tenido la suerte de acompañarlos junto a mis mejores amigos aquí, Pablo y Carlota. Juntos hemos aprendido mucho y disfrutado más. Sin duda, ha sido una experiencia que nunca olvidaremos.

Vichhika y Mengsry en la primera jornada de su boda

jueves, 14 de noviembre de 2013

Historias para no dormir

China
En algún lugar de China se encuentra una niña que hasta hace unos días dormía con nosotros. Se ha escapado. Ha huido amenazada por no se sabe quién. Su madre, endeudada, la ha vendido para casarla con alguien que pagará sus deudas. Antes de cerrar el negocio exigió verla por videoconferencia para asegurarse de que era guapa. Ella no quería irse pero se ha escapado. Ha huido por miedo a que le hagan algo si no cumple su parte del trato. Un trato al que le obliga su familia. En China le esperará un matrimonio forzado. Si al cabo de un año no puede tener hijos, su nuevo marido la repudiará y se convertirá en una esclava sexual. ¿Acaso no lo es ya?

OBK
Una niña de apenas tres años es violada por su propio padre. Su padre biológico. Ha sido esta semana, no muy lejos de aquí, en lo que conocemos como OBK. Sus vecinos han ayudado a la madre a denunciarlo. Él ya está en la cárcel. Ahora su hermana mayor, de siete años, no quiere ir al colegio porque los otros niños la señalan con el dedo y se burlan de lo que ha hecho su padre.
Ambas historias podrían ser una pesadilla, pero no lo son. Son historias reales. Son historias para no dormir.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La pagoda irreductible

Hay una pagoda en Phnom Penh que se ha erigido en símbolo de resistencia contra el poder establecido. Es la pagoda de Stung Meanchey. Es la pagoda por la que paso cada mañana al ir a trabajar.

Si durante la jornada electoral a finales de junio fue el principal foco de protesta contra el partido del Gobierno, este mes ha vuelto a estar de actualidad por acoger en sus inmediaciones una manifestación de empleados del sector textil. Aquella vez, la protesta se saldó con un par de coches de policía quemados. En este caso, las protestas han dejado un muerto: una vendedora ambulante.

Ayer por la mañana, íbamos a trabajar como todos los días. Al rodear la pagoda de Stung Meanchey, como hacemos siempre, nos dimos cuenta de que algo no iba bien. Había más gente que de costumbre en sitios donde normalmente apenas hay tráfico. Probablemente eran personas que intentaban escapar o evitar la manifestación. También se sentía un olor un tanto extraño. Quizás las primeras ruedas quemadas para hacer barricadas. En todo caso, en ese momento no supimos a qué se debía el alboroto. Fue durante el día cuando comenzamos a recibir más noticias.

Los trabajadores de "SL Garment Processing Cambodia (Ltd.)" llevan tiempo protestando por lo que entienden una injusta situación laboral. Reclaman una mejora de sus salarios y de sus condiciones de trabajo. Teniendo en cuenta la situación del país y de la industria en particular, sus reclamaciones deben ser razonables. En algunos medios se recoge también que los trabajadores exigen un cambio en la dirección. El nuevo responsable, indican, lleva tiempo intentando intimidar a aquellos trabajadores que pretenden sindicarse. Lo hace, supuestamente, a través de guardias de seguridad armados en la fábrica. Este punto puede ser más discutible.

Manifestante huyendo de la policía dentro de la pagoda de Stung Meanchey. Fotografía del Phnom Penh Post

La factoría de SL está en el barrio de Stung Meanchey. Al ser los monjes del barrio especialmente combativos por causas que consideran justas (ayer siete monjes fueron detenidos), es normal que la pagoda se convierta en centro de reunión. Lo fue, al menos, para más de mil personas. Por otra parte, el templo está situado en uno de los principales accesos a Phnom Penh. El puente en los alrededores conecta rápidamente con las avenidas principales de la ciudad. Prevenidos de que los manifestantes podrían intentar marchar al centro de Phnom Penh para protestar a las puertas de la residencia del Primer Ministro Hun Sen, un gran grupo de policías armados comenzaron a proteger el puente.

Fue entonces cuando empezaron los altercados. La intimidación de la policía fue respondida con ataques de los manifestantes. Al comenzar una redada en la pagoda un grupo de policías quedó aislado. En un primer momento, lanzaron disparos al aire que más tarde fueron a quemarropa. Se reportaron varios heridos y una persona fallecida. Se trataba de una mujer de cuarenta y nueve años que recibió una bala perdida. Ni siquiera participaba en la manifestación. Estaba vendiendo arroz en su puesto ambulante.

Todo esto sucedió entre las ocho de la mañana y el mediodía. Por la tarde, cuando pasamos por nuestro recorrido habitual para volver a casa, no quedaba ni rastro de lo sucedido durante el día. Así es Camboya.

 Contraste entre los medios de la policía y los manifestantes. Fotografías del Phnom Penh Post

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martes, 12 de noviembre de 2013

Será un día especial

Esta semana ha comenzado con una de las mejores noticias que podíamos tener todas las personas que trabajamos en PSE. Al menos para todas las que conocemos a Vichhika y Mengsry. Nos han anunciado, por fin, que se casan.

Todos los que sigáis este blog, todos los que conozcáis PSE, sabréis quiénes son. Para los pensionnaires y los jóvenes que viven en el internado, son Ma y Pa. Lo son trascendiendo el significado de respeto que tiene dirigirse así a los adultos en Camboya. Son los verdaderos madre y padre de los niños que viven con nosotros. Para la gente que trabaja con ellos, son unos compañeros abnegados que trabajan día y noche preocupándose por el bienestar de los niños. Para mí y para las personas a quienes más aprecio aquí, para Pablo y para Carlota, son, además de todo lo anterior, los mejores amigos que tenemos en Phnom Penh.

Vichhika

Relatar todas sus cualidades me podría llevar mucho tiempo. Quizás la mejor manera de resumirlas sería decir que son "buenas personas". Claro que eso sería demasiado simple. Son cándidos, sencillos, sin atisbo alguno malicia. Son unos profesionales, tenaces, infatigables, inasequibles al desaliento, incluso en los momentos más duros. Son generosos, de ese tipo de personas que comparte hasta lo que no tiene, de las que da sin pedir nada a cambio. Son gente con valores, que cree en lo que hace y que se esfuerza por hacerlo de la mejor manera posible, aunque en ocasiones le consuma. Son divertidos. Tienen ese tipo de humor que hace de una simple anécdota algo muy gracioso. Él más aventurero que ella, más arriesgado e inconsciente. Ella más pausada y reflexiva, pero también con carácter... Así podría seguir y seguir. Quizás, el hecho que mejor resuma cómo son sea la opinión que tienen sobre ellos Christian y Marie France des Pallières, los fundadores de PSE, los primeros Papi y Mami. Ellos los elegirían, lo han hecho ya, como las personas ideales para convivir con los niños, para ser los padres de una familia de casi doscientos niños y más de trescientos adolescentes.

La noticia llegó a esa familia el domingo. Lo hizo tras la tradicional pedida de mano, que tuvo lugar el sábado. Vichhika dudaba si su familia aprobaría a Mengsry. Decía que sólo aceptarían a un "hombre rico". Mengsry, a pesar de tener todo de prestado, no tenía miedo. Tras el "sí" de la familia y el anuncio a los niños, se siente una pequeña revolución en el ambiente de PSE. Probablemente ninguno de los pequeños supiera siquiera que estaban juntos. Las relaciones aquí se viven de otra manera más inocente. Por ello la sorpresa para la mayoría fue mayúscula y su alegría estuvo acorde con ella. Las niñas prepararon un anillo con hojas de palma para que Mengsry se lo regalara a Vichhika. Los niños nos anunciaron la noticia el lunes nada más vernos. Su mayor ilusión, la de niños y niñas, era saber si estarían invitados a la boda.

Mengsry

A día de hoy, la mayor ilusión de los niños es, a la vez, la mayor preocupación de los novios. ¡Su lista de invitados comienza con quinientos personas! Afortunadamente, eso no será un problema. PSE, a través de Marie France, ha ofrecido las instalaciones de la ONG para celebrar el banquete. La invitación a los niños se solucionará con una mejora de su comida diaria que será sufragada con la ayuda de todos los empleados que quieran colaborar. Y serán - seremos - muchos. A partir de ahí, una nueva preocupación y una contradicción. La preocupación, la lógica, los preparativos. La contradicción, que frente a lo lento que sucede todo en Camboya, la boda tendrá lugar el próximo 30 de noviembre. Sí, el de este año, dentro de tres semanas. Todo irá bien. Sin duda, será un día muy especial para Vichhika y Mengsry y para todo PSE.

PS. También será un día muy especial para mí: Mengsry me ha pedido que sea su testigo. Será la segunda vez que lo haga e, irremediablemente, recordaré la primera vez que lo fui. Fue con dos amigos extraordinarios.

lunes, 7 de octubre de 2013

Vacaciones de Pchum Ben

Vichhika y Mengsry dicen que PSE es su familia. Lo dicen y lo demuestran en su trabajo cada día. Lo dicen y lo demuestran también en sus vacaciones. Las suyas no son unas vacaciones cualquiera. Son las vacaciones de una familia con casi cien niños.

Todo es especial cuando se trata de movilizar a cien personas. El transporte, el alojamiento, la comida, las actividades. Como en toda familia grande, cada uno parece tener asignada su tarea. Los mayores cuidan de los pequeños, los cocinillas cocinan, los más graciosos entretienen y los alborotadores alborotan. Nosotros, como si fuéramos los primos que vienen de lejos, intentamos ayudar como podemos.

La ocasión que nos ha reunido ha sido la festividad de Pchum Ben. Se trata de una fiesta tradicional camboyana en la que se recuerda a los familiares fallecidos. Para ello, la mayoría de la gente vuelve a sus provincias de origen donde acude en masa a las pagodas. Nosotros hemos ido a Sihanoukville y nos hemos alojado en el centro que PSE tiene en la ciudad. "Nosotros" somos Vichhika, Mengsry y su equipo, casi cien niños incluyendo pensionnaires y handicapés de los programas de 
PSE y, por último, los voluntarios extranjeros; mi hermano Alberto, mi "nuevo hermano" Pablo, Yurie, Antonia y yo.

Vichhika y Mengsry

Pablo, Álvaro y Antonia

 Yurie y Alberto

Juntos hemos jugado, disfrutado de la playa y de los ríos de Sihanoukville, de la cocina camboyana, también de la occidental en ocasiones especiales, de la música y del baile. Juntos hemos ido a la pagoda, visto cómo los niños recordaban con devoción a sus familiares y ofrecido a los monjes flores, incienso y una pequeña limosna. Juntos también hemos sufrido la lluvia omnipresente, la conjuntivitis y acudido a un decadente hospital camboyano. También hemos aprendido algo de khmer, más francés, palabras sueltas en japonés e incluso alguna coreana, además de haber enseñado algo de español.

La experiencia para mí no ha sido nueva, pero no por ello he dejado de disfrutarla. Al contrario. Ya había tenido la suerte de vivirla en abril en Siem Reap durante las celebraciones del año nuevo camboyano. En esta ocasión, quizás lo más especial para mí haya sido compartir con mi hermano unas vacaciones de un modo en el que no lo habíamos hecho hasta ahora. Todo era nuevo para él. No sólo el país, también la gente y, sobre todo, la relación con los niños. Ha descubierto lo que hace PSE, lo que intento hacer yo y, por encima de todo, mil muestras de cariño por parte de otros tantos niños. Verlo jugar con Chon me recordaba de algún modo a cuando jugábamos de pequeños. Sus conversaciones con Ratana eran como las nuestras y la forma en la que hablaba con los niños era igual que cuando hablaba con nuestros primos pequeños.


 Visita a la pagoda con motivo de la festividad de Pchum Ben

Durante estos días también he podido conocer de otra manera a la gente con la que trabajo en PSE. Yurie trabaja en el área de Fundraising y su experiencia aquí le ha servido para conocer mejor la inmensa labor que se hace con los pensionnaires. Seguro que a partir de ahora "contará" PSE de otra manera. Antonia por su parte, es una voluntaria francesa que tiene previsto colaborar con PSE durante tres meses para luego cursar estudios de puericultura. No puede haber escogido mejor manera de comenzar. Seguro que lo hará muy bien. Y sobre Pablo, qué decir. Cada día me sorprenden más su pasión por PSE, sus ganas de ayudar y su entrega incondicional. PSE ganaría mucho si decidiese quedarse más allá de marzo.

Han sido unos días estupendos. La mejor prueba de que uno lo ha pasado bien durante sus vacaciones es que se hayan pasado rápido. Éstas lo han hecho a la velocidad del rayo. Cuando uno está rodeado de buena gente, todo es bueno y, volviendo al inicio, Vichhika y Mengsry, los "padres" de esta familia de pensionnaires, son quizás las mejores personas que he conocido en Camboya. Me alegro de formar parte de "su familia".



Playa de Sihanoukville

viernes, 27 de septiembre de 2013

¡La Liga ha comenzado! ¡Viva la Liga!


Este blog corre el riesgo de convertirse en un boletín deportivo, pero la actualidad es la actualidad y las noticas son las noticias. Y éstas no son otras que las de el arranque oficial de la PSE Staff League.

La Liga se inició el pasado lunes y lo hizo con un desfile en el que participaron los doce equipos que la componen. Escoltados por pensionnaires de PSE que portaban su estandarte y por orden alfabético saltaron a la arena los elegidos para la gloria. Quizás como un elemento premonitorio, el primero en hacerlo fue Blue Lander, mi equipo. ¿Seremos nosotros los destinados a ser los campeones este año?

Una vez completado el desfile inicial, comenzó el verdadero plato fuerte de la tarde. El encuentro inaugural. El que todo el mundo estaba esperando. El partido enfrentaba al vigente campeón, Reachsey, con Blue Lander. Tras el primer posado oficial frente a la afición y el sorteo de saque y campo, sonó el silbato y con ello arrancó la Liga.

Desde el primer momento sobre el terreno de juego se vio la apuesta de Blue Lander. Intensidad defensiva tanto en campo propio como en el contrario. Jugadas al toque, rápidas desde la portería y una gran pegada en ataque. El juego del equipo azul sorprendió al campeón, decididamente falto de rodaje. Sólo dos de los campeones, Mengsry y el número 7, salvaron su honor. Blue Lander ganó por cuatro a dos, convirtiéndose en el primer líder de la clasificación y, sobre todo, dejando muy buenas sensaciones. Si antes del partido las “apuestas” lo daban como uno de los favoritos del torneo, tras el mismo sus acciones subieron como la espuma.

En declaraciones tras el partido, Sokhen, el legendario capitán de Blue Lander se mostraba satisfecho por la actuación del equipo y esperanzado con su futuro. Por su parte, Pablo Zarauza, nombrado MVP del encuentro, habló del esfuerzo realizado por su equipo: “Se puede ganar o perder, pero siempre luchando. Hoy hemos luchado y hemos ganado. Es un excelente comienzo de Liga”.

El calendario de Blue Lander es un calendario exigente. Tras el parón por la festividad de Pchum Ben, en las siguientes jornadas se enfrentará a BS Empire, Tsunamic-English y Top Six. Estos últimos, los verdaderos cocos de un torneo que parece más abierto que nunca. La temporada promete ser interesante.


 Estandartes portados por Ratana (Blue Lander) y Bona (Tsunamic-English)

Equipos en formación en el campo principal de PSE 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

La ¿constitución? del Parlamento

El hecho de que hayan transcurrido casi dos meses tras las elecciones generales en Camboya no quiere decir que la situación se haya normalizado. Nada es igual desde el pasado 28 de julio. Puede parecerlo, pero no lo es. No debería serlo.

El mismo día de las elecciones se publicaron unos resultados provisionales que indicaban un claro avance de la oposición, el Cambodian National Rescue Party (CNRP). Un avance que no era suficiente para romper el dominio del Cambodian's People Party (CPP) desde los ochenta. Un dominio que se plasma desde entonces en abuso de poder, control de las fuerzas de seguridad y la justicia. En definitiva, en una impunidad que permite al gobernante hacer y deshacer a su antojo.

Los primeros resultados fueron confirmándose a lo largo del mes de agosto. Tras los oficiosos del propio día de las elecciones llegaron los oficiales ni más ni menos que el diez de septiembre. Apenas bailó un escaño. Durante todo ese periodo la incertidumbre ha sido total. Ha incluido desde la retirada masiva de dinero en los bancos por miedo a perder los ahorros a la falta de crédito que los mismos bancos no querían conceder por si el receptor salía del país. También el incremento de precios en los comercios, con el arroz como ejemplo, cuyo precio llegó a duplicarse durante un par de semanas; la paralización de la actividad (industria textil), ralentización de las obras públicas, etc.

Mientras tanto, la oposición reclamaba una investigación seria. Los puntos más candentes han sido la impugnación del proceso electoral, criticando la acción parcial del National Election Committee (NEC) y la petición de ayuda a las Naciones Unidas. Todo ello acompañado de una movilización ejemplar, pacífica y quizás excesivamente controlada por un Hun Sen, el Primer Ministro, que lo único que tenía que hacer era esperar. Esperar a que se calmaran los ánimos, a que se aceptara lo inaceptable por hastío o por resignación.

Es exactamente eso lo que ha sucedido. No han servido ni las manifestaciones ni las miles de firmas recibidas por el Rey solicitando el retraso en la constitución del parlamento hasta que se aclaren todas las irregularidades del proceso. El pasado lunes se constituyó el parlamento camboyano. Lo hizo únicamente con los diputados del CPP. La oposición, ninguneada, acudirá cuando quiera. Lo acabará haciendo por responsabilidad institucional.

Quizás la estrategia más importante ahora para el CNRP sea cómo conseguir que su líder, Sam Rainsy, pueda ejercer de diputado. La estrategia es complicada. Parte de la necesidad de la renuncia a su cargo de un diputado electo y tras él, el de todos sus reservas para quizás, sólo quizás, poder aspirar a sustituirlo. Y es sólo quizás porque no pudo concurrir a las elecciones. Probablemente poco trascienda a la opinión pública de la actividad parlamentaria que pueda desarrollar el CNRP durante la legislatura, pero huir del parlamento no sería bien entendido por buena parte de los electores.

Hun Sen ha vuelto a ganar. Sólo ha tenido que esperar. Ha vuelto a ganar y se ha garantizado cinco años más en el poder. Ha vuelto a ganar, pero su liderazgo se ha visto por primera vez seriamente comprometido. Ha vuelto a ganar, pero esta vez sólo una batalla. La oposición tiene por primera vez mucho que decir en Camboya.

Diputados del CPP posan con el Rey Sihamoni tras la constitución oficial del parlamento

Páginas de interés:

viernes, 20 de septiembre de 2013

Pensionnaires Football Club

"Bound by their commitment with the NGO Pour un Sourire d’Enfant and their love for the king of sports, Carlota Gui, Chhoun Mengsry, Álvaro Mayoral and Pablo Zarauza hereby declare the foundation of Pensionnaires Football Club.

Our players are the barefooted children of the Phnom Penh sangkats, those who play under the rain when the monsoon comes, the forgotten ones, the diamonds in the rough. We might not be disciplined, organized or technical, but we are a family..."
Así empieza el manifiesto fundacional de Pensionnaires Football Club, también conocido como The Mighty Geckos. El Pensionnaires FC es el club de fútbol de los niños que viven en el internado de PSE. Puede que sea el club más joven del mundo. Se creó ayer. Ésta es la historia de cómo se hizo.

La idea de fundar un equipo de fútbol rondaba la cabeza de Pablo Zarauza desde hace cuatro años, cuando pisó PSE por primera vez y conoció a sus pensionnaires. Desde entonces aquella idea, aquel sueño, fue madurando en su cabeza hasta que el pasado lunes una feliz conversación con Carlota Gui y Chhoun Mengsry, el responsable del internado de la ONG, lo desencadenó todo. Los niños necesitaban actividades extraescolares para completar su formación y qué mejor que el fútbol para promover los valores de trabajo en equipo. Crear el equipo era posible.

Desde el mismo momento en que se anunció la decisión, los niños corrieron en masa a alistarse al nuevo club. Tal fue la demanda que el equipo nace con tres categorías clasificadas por edades. Más de cuarenta niños serán, son ya, los primeros jugadores de la historia del Pensionnaires FC. Algún día, quizás, sus nombres lleguen a lo más alto del deporte rey.

La ilusión de los primeros pensionnaires era tan alta que había que responder a sus expectativas. El club tenía que tener un escudo. Contando con mi apoyo incondicional y el de mi hermano Alberto, un torrente de ideas comenzó a fluir durante una cena en el Chinese Noodles de Phnom Penh. El gecko fue el animal elegido para representar a los pensionnaires. Un animal pequeño quizás, omnipresente en Camboya, guardián y protector. Un animal que en su mitología se llega a convertir en dragón. Un animal, el gecko, y tres palabras que representan los valores del club: family, team, respect. Tras la concepción de la idea, una larga madrugada de trabajo de diseño para, finalmente, poder presentar el escudo en sociedad. A los niños les encantó.

Primer escudo de Pensionnaires FC

Desde ese momento, todo fue rodado. El primer entregamiento oficial tuvo lugar con el equipo de benjamines en el campo de mecánica. Inmediatamente después del entreno se produjo la fundación formal del club, que se constituyó oficialmente contando con la siguiente directiva:
  • Fundador y Primer Entrenador: Pablo Zarauza
  • Fundadores: Carlota Gui, Chhoun Mengsry
  • Presidente de Honor: Christian des Pallières
  • Presidente: Álvaro Mayoral
  • Socios de Honor: Pablo Alonso, Mónica Cuesta
El futuro de Pensionnaires FC siempre estará en manos de sus socios y en los pies de sus pensionnaires. El objetivo inmediato, el primero del club, es adquirir un nivel de juego que le permita competir en competiciones oficiales locales.

 Primer entrenamiento de Pensionnaires FC

martes, 17 de septiembre de 2013

Vuelve la Liga. La pretemporada de Blue Lander

"Fútbol é fútbol, e gol é gol"
Vujadin Boskov

Como si de una crónica deportiva se tratara, esta entrada comienza de la siguiente manera: "El próximo lunes empieza la nueva temporada de fútbol sala de PSE. De acuerdo al calendario establecido por ECAP, Reachsey, el vigente campeón, jugará el partido inaugural. Su rival será Blue Lander".

Blue Lander es mi equipo. Lo es por casualidad. Fue el primero que me lo propuso cuando llegué en febrero. Jugué un solo partido, el de cuartos. Nos eliminaron. "Como antes a España", pensé. Blue Lander no es el mejor. Podría ser el "pupas", el "eterno aspirante" o el que siempre flirtea con el descenso. En todo caso es un equipo de héroes, de héroes sufridores. Por eso me gusta y por eso este año lucimos el escudo de Osasuna.

La intrahistoria de nuestra camiseta es, sin duda, la más interesante de toda la pretemporada. Todo empezó entre junio y agosto, al abrirse el mercado de fichajes de la estación de lluvias. Yo fui uno de los primeros en firmar. Blue Lander me ofreció ser su portero titular. Sokhen, el capitán del equipo, quiso que lo reemplazara debido a sus problemas de rodilla. El debate de la portería de Blue Lander quedó cerrado desde entonces y la solvencia bajo sus palos garantizada. Pero la historia de nuestra camiseta va mucho más allá. Sokhen y yo sólo fuimos los ideólogos de la estrategia que unió a Pablo Zarauza a nuestras filas, y con él, a Osasuna.

Durante la pretemporada, el nombre de Pablo fue el más repetido en las portadas de la sección deportiva de la newsletter de PSE. Lo habría sido si existiese. Lo cierto es que era la comidilla de todas las reuniones de empleados. Pablo es un antiguo conocido de la afición camboyana. Aprovechando sus vacaciones de verano para colaborar con el Summer Camp de PSE, durante más de cuatro años ha jugado en Phnom Penh los tradicionales encuentros "Voluntarios europeos vs. Staff khmer". Los ojeadores locales le seguían la pista y lucharon duro para poder contratarlo una vez se supo que venía a instalarse en Camboya. Ofertas no le faltaron. Cifras astronómicas, ventajas laborales, promesas de victorias. Pero Pablo no escuchó los cantos de sirena de "los grandes". En cambio, prefirió apostar por un equipo modesto y por la oferta de su capitán y de su compatriota, que apenas le podíamos prometer un mes de buffet en el Lotus Blanc, el restaurante de PSE, y llevar el escudo de Osasuna, el equipo de su tierra.

La incorporación de Pablo supuso un golpe de efecto en el mercado. Desde su llegada al equipo, la dinámica de Blue Lander ha cambiado. Los rivales nos temen. Admiran nuestros entrenamientos, nuestra disciplina y nuestra asfixiante presión. El Spanish Blue Lander quiere dejar atrás el conformismo con su destino para convertirse en un equipo con mentalidad ganadora. Los frutos de esta renovada ilusión ya se dejan notar en los resultados de la pretemporada:

Top Six* 4 - 2 Blue Lander
Blue Lander 4 - 3 Social Team 
Blue Lander 6 - 2 FLIP Team 
Tsunami* 6 - 8 Blue Lander
Blue Lander 3 - 2 Hotel School
*Top Six y Tsunami fueron 3º y 4º en la pasada Liga

El lunes empieza la temporada oficial. Hasta la fecha Blue Lander ha cosechado cuatro victorias y una sola derrota. ¿Se convertirá en el equipo revelación del torneo? ¿Seremos el nuevo campeón?





martes, 10 de septiembre de 2013

Desarrollo y depravación en Bangkok

Bangkok son varios mundos en uno. El primero y el tercero. El moderno y el tradicional. También el del turismo tradicional y el del turismo sexual. Es, en definitiva, la ciudad del desarrollo y la depravación. Ésta ha sido la principal conclusión que he extraído del viaje que he hecho con mi hermano.

Llegamos a la capital de Tailandia nada más caer la tarde. Aterrizamos en hora en Don Muang, el antiguo aeropuerto de la ciudad, tras haber temido perder el vuelo. Una tormenta a mediodía había dejado inundadas las calles de Phnom Penh. El agua superaba la altura de las ruedas del tuk tuk en algunos tramos del camino. En contraste nada más aterrizar era inmenso: carreteras amplias y bien asfaltadas, transporte público, autobuses, metros, rascacielos, gigantescas pantallas de publicidad...

Sin saber todavía muy bien dónde estábamos, desde el aeropuerto llegamos con facilidad al centro de la ciudad. Fue en el primer paseo que dimos por Bangkok cuando descubrimos varios de los mundos que encierra. Conforme avanzábamos por unos mercadillos callejeros en las mismas puertas de enormes centros comerciales, nos dimos cuenta de que la gente que nos rodeaba dejaba de ser local. Los tailandeses se convertían en occidentales; blancos y mayores. Las voces que desde los puestos de comida nos ofrecían pad thai ahora gritaban "Ping pong show!". Mi hermano y yo nos mirábamos sin dar crédito a lo que escuchábamos y nos limitamos a aceptar el pad thai. Cansados del viaje, volvimos al hotel. El día siguiente conoceríamos, esperábamos, el verdadero Bangkok.

Por la mañana, las mismas calles que habíamos conocido durante la noche tenían otra apariencia. No parecían ser lo que habían sido apenas unas horas antes. La luz y la actividad hacían de Bangkok simplemente una bulliciosa ciudad moderna. Tocaba conocer el Gran Palacio, visitar pagodas y templos y pasear por las áreas comerciales. Y eso fue precisamente lo que hicimos. Mucho más preparada para el turismo que Phnom Penh, trasladarse desde un sitio a otro era fácil. En metro, en la versión tailandesa del tuk tuk, incluso en barca.

Fue en barcaza como remontamos el Chao Phraya. Y fue en ella donde conocimos a un misterioso personaje que se convirtió en nuestro compañero de viaje durante el día. Un indio afincado en Singapur que nos siguió en las visitas que teníamos planificadas: el Gran Palacio, el buda tumbado de Wat Pho, el Templo de Mármol y algunas de las calles comerciales. Todo en Bangkok, al menos lo turístico, está bien conservado y adaptado para las visitas. Nos sorprendió especialmente la grandiosidad del buda tumbado. Era inmenso y la gente lo veneraba con absoluta devoción.

Estatuas del Gran Palacio

Buda tumbado en Wat Pho

Mucho habíamos caminado durante el día y de nuevo caía la noche. Bangkok se convertía una vez más en aquella ciudad distópica, en aquel Los Ángeles de Blade Runner. Caía la noche y lo moderno se mezclaba con lo lúgubre y lo atractivo con lo depravado. Nosotros lo observábamos todo de vuelta a nuestro barrio.

Durante el día siguiente nos perdimos por el mercado de Chatuchak, probablemente el mercado al aire libre más grande del mundo. Nos perdimos, literalmente, entre sus miles de callejuelas. Simplemente pasearse por él, rodearlo, llevaba casi toda la mañana. Nosotros nos detuvimos en varias ocasiones para comprobar imitaciones, productos raros y probar varios platos típicos. Ya entrada la tarde, volvimos a nuestro barrio, donde quedamos a cenar con Cristina, una voluntaria del Summer Camp que antes de volver a España estaba visitando la ciudad tras un pequeño viaje por Tailandia. Sus sensaciones eran esencialmente las mismas que las nuestras.

Una noche más de vuelta al hotel y las mismas sorpresas de las anteriores. Resultaban ya algo cotidiano. A la mañana siguiente nos quedaba sólo una jornada. Media más bien. Un cuarto. Teníamos que elegir una visita entre varias opciones. Y elegimos subir al rascacielos más alto de Tailandia. Fue una excursión interesante. Todo lo que el edificio tenía de moderno por fuera lo tenía de desactualizado por dentro. Poco o nada había cambiado su decoración y su estilo desde su inauguración. Y sin embargo resultaba interesante. La ambientación galáctica de 1997 resultaba un tanto kitsch en 2013. Quizás el rascacielos sea una buena metáfora de lo que me ha parecido Bangkok. Una apariencia de modernidad que se confunde con muchos otros mundos cuando la visitas.

Contraste entre los rascacielos y las chabolas de Bangkok 

Tuk tuk tailandés